28 septiembre 2018

MENSAJE DE MARÍA VIRGEN, del día 26 Sep 18


MENSAJE DE MARÍA VIRGEN, del día 26 Sep 18


“Mientras te valés por vos mismo, adormecés al Señor”.
“Mientras estás ocupado ocupándome de vos, le impedís ser Dios”.
“Hasta que la de los fuerza de golpes te hacen entender que debés recurrir a Él”.
“Siempre pide lo que no querés y ahí es donde vale la fe”.
“Si te valés por cuenta propia tratando de resolver lo que querés, evitar lo que no querés o buscando obtener lo que necesitás, no hay fe aunque hables de Él”.


 Como siempre, la Virgen es Maestra de Humildad y me señala el error, lo que debo corregir, aquello en lo que El Señor me quiere corregir, dónde lo debo aceptar como Señor, Maestro, Guía, Salvador.

 Me hace ver que estoy obrando por cuenta propia y que ando muy preocupado por mí ocupándome de mí.

 Me hace entender que, mientras me ocupo de mí, no dejo al Señor que se ocupe de mí, yo mismo obstaculizo e impido su obra, su Paso Salvador-Libertador-Purificador-Santificador.

 Aun hablando de Él todo el tiempo estoy ocupado de mí, preocupado por mí y no haciendo otra cosa mas que dedicarme a mi ‘yo’.

 Ese ‘yo’ es tan ‘yo’ que acaba siendo otro, cobra vida propia, de rey pasa a tirano y me esclaviza con sus caprichos, miedos, deseos, etc.

 No hago otra cosa mas que ocuparme de él, de ese ‘yo’ que hasta dice y finge ser piadoso y perfecto.

 Me hace ver que mi religiosidad, piedad, devoción, es nada, oropel, como la del joven rico, tengo buena voluntad, predisposición, pero no hay mas que obra humana, orgullo.

 Por ello es que en el principio me pidió fe, análogamente me dijo lo mismo que al joven rico, “Ve vende lo que tienes y luego ven y sígueme”, me pidió que dejara mi fe humana y superficial para pasar a tener una Fe verdadera, espiritual, basada en confiar realmente en Él, cosa que solo ocurre cuando le entrego el comando de mi vida, cuando Él decide y yo obedezco realmente su Divina Voluntad.

 Y mi tarea, trabajo, es discernir puntualmente esa Voluntad Divina suya para mi vida, porque ahí es donde lo obedezco realmente y no de forma genérica.

 En una entrega genérica, de buena voluntad, todo acaba siendo superficial, mientras que interiormente subyace rebeldía, hay una capa de piedad, pero no hay amor verdadero al Señor.

 Acá me sugiere que le diga a Dios que lo amo, que verdaderamente lo amo, cosa que resulta repugnante al orgullo y ahí me libera o purifica del orgullo y la entrega es real, de corazón y no solo mental.

 Así es como por María Virgen llego a la verdadera comunión con El Señor y me siento verdaderamente en Paz, aun cuando exteriormente nada ha cambiado.