30 septiembre 2018

Evangelio del día, lecturas del domingo, meditación


Evangelio del día, lecturas del domingo, meditación



En medio de las dificultades debemos obrar al revés de como venimos haciéndolo:

Instintivamente tratamos de retomar el control, pero debemos obrar con Fe Verdadera, es decir, entregándonos a la Voluntad de Dios, dejándolo obrar a Él, dándole el lugar y el tiempo necesario para que Él haga lo que quiere hacer.

Las dificultades son para que aceptemos nuestros límites y veamos y aceptemos la necesidad de Dios, de un Salvador.

En el evangelio de hoy vemos como los discípulos quieren dirigir, controlar, supervisar al Señor, y Él les dice claramente que lo dejen construir su Reino en el mundo como Él sabe hacerlo, Él Es Dios, y en seguida, les dice que ellos mismos deben ordenarse, corregirse, ajustar el rumbo, pues si bien se creen muy fieles, no son perfectos ni están obedeciendo a Dios como es debido.

El límite que le ponemos a Dios, es un límite que padecemos nosotros mismos.


Números (11,25-29); Salmo 18; Carta de Santiago (5,1-6); Evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48)


 El límite que le ponemos a Dios, es un límite que padecemos nosotros mismos.

 El limite se lo ponemos cuando obramos por nosotros mismos, cuando nos valemos por cuenta propia.

 Incluso hablando de Dios todo el tiempo, no le damos el lugar que corresponde.

 Cuando le ponemos un límite, cuando no lo dejamos Ser y Hacer, cuando no lo aceptamos verdaderamente como Dios, las consecuencias no tardan en llegar.

 La vida se desordena, trastoca, complica, comienzan los reveces, surgen las dificultades.

 Padeciendo las dificultades que nos provocamos, comenzamos a tratar de poner orden y buscamos instintivamente retomar el control, y ahí es donde provocamos mas desorden porque estamos limitando aun mas a Dios.

 Obramos con buena intención, pero nos vence-domina el miedo, nos controla el descontrol.

 En algún momento oímos la sugerencia del Señor, nos acordamos que tenemos Fe, entonces, nos dirigimos a Él, pero con la intención de ponerlo a nuestra disposición, queriendo que Él obre como se nos ocurre.

 La verdad es que Dios no nos va a hacer caso, vamos a seguir padeciendo su quietud porque no lo aceptamos como Dios, porque no lo dejamos Ser y Hacer, lo limitamos.

 No lo vemos-entendemos, decimos que tenemos fe y que Dios va a obrar, pero es autoengaño, Él no va a obrar según nuestras directivas. Dios no sigue órdenes.

 Dios va a obrar, pero como Él quiera, cuando y donde quiera, Él Es Dios y Sabe lo que Hace, así como y cuando lo hace.

 En medio de las dificultades debemos obrar al revés de como venimos haciéndolo: Instintivamente tratamos de retomar el control, pero debemos obrar con Fe Verdadera, es decir, entregándonos a la Voluntad de Dios, dejándolo obrar a Él, dándole el lugar y el tiempo necesario para que Él haga lo que quiere hacer.

 Las dificultades son para que aceptemos nuestros límites y veamos y aceptemos la necesidad de Dios, de un Salvador.

 En el evangelio de hoy vemos como los discípulos quieren dirigir, controlar, supervisar al Señor, y Él les dice claramente que lo dejen construir su Reino en el mundo como Él sabe hacerlo, Él Es Dios, y en seguida, les dice que ellos mismos deben ordenarse, corregirse, ajustar el rumbo, pues si bien se creen muy fieles, no son perfectos ni están obedeciendo a Dios como es debido.


Lecturas de hoy Domingo 26º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Primera lectura

Lectura del libro de los Números (11,25-29):

El Señor bajó en la nube y habló a Moisés; tomó parte del espíritu que había en él y se lo pasó a los setenta ancianos. Cuando el espíritu de Moisés se posó sobre ellos, comenzaron a profetizar, pero esto no volvió a repetirse. Dos de ellos se habían quedado en el campamento, uno se llamaba Eldad y otro Medad. Aunque estaban entre los elegidos, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu vino también sobre ellos y se pusieron a profetizar en el campamento.
Un muchacho corrió a decir a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento.»
Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino diciendo: «¡Señor mío, Moisés, prohíbeselo!»
Moisés replicó: «¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18

R/.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta. R/.

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta de Santiago (5,1-6):

Vosotros los ricos, gemid y llorad ante las desgracias que se os avecinan. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos son pasto de la polilla. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y este óxido será un testimonio contra vosotros y corroerá vuestras carnes como fuego. ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días? Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos y ha sido retenido por vosotros está clamando y los gritos de los segadores están llegando a oídos del Señor todopoderoso. En la tierra habéis vivido lujosamente y os habéis entregado al placer; con ello habéis engordado para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, y ya no os ofrece resistencia.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48):

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.»
Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»



29 septiembre 2018

29 de Septiembre, Fiesta de los ARCÁNGELES SAN MIGUEL, SAN GABRIEL y SAN RAFAEL


29 de Septiembre, Fiesta de los ARCÁNGELES SAN MIGUEL, SAN GABRIEL y SAN RAFAEL




29 de Septiembre, Fiesta de SAN MIGUEL ARCÁNGEL



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29 de Septiembre, Fiesta de SAN RAFAEL ARCÁNGEL



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29 de Septiembre, Fiesta de SAN RAFAEL ARCÁNGEL


29 de Septiembre, Fiesta de SAN RAFAEL ARCÁNGEL


Dios no nos niega su salud, sanidad, medicina, nosotros no lo vamos a buscar.

Si queremos ver algo diferente, si deseamos acceder a la salud o medicina de Dios, debemos volver a Él, porque todos los males se generan en la separación de Él, simplemente porque Él Es El Bien Verdadero y Eterno, El Sumo Bien, El Único Bien, Él Es Dios y nos estamos privando de Él.




 Su nombre significa “Dios sana” o “Medicina de Dios”.

 En la biblia se lo menciona en el libro de Tobías acompañándolo en su camino largo y peligroso, indicándole también como vencer al demonio asmodeo. En dicho libro se relata la curación que realiza a tobit.

 Pensemos hoy donde es que Dios nos sana o da su medicina, esto es en Él mismo y solo se produce por el encuentro con Él en la oración y en la comunión.

 Debemos recibir a Dios de Dios, en y de Él, pero si no nos acercamos, estamos provocándonos el mal, nos hundimos-encerramos en nosotros mismos generando la ausencia de Dios e no es otra cosa mas que el infierno en vida.

 Hay que volver a Dios para que Él vuelva a nosotros, Él está ahí, al alcance de la mano, a la distancia de un pensamiento, ¿Cuánto cuesta pensar en Él?. Está ahí, en el Santísimo Sacramento del Altar, ¿Cuánto cuesta volver a la comunión con Él?.

 Dios no nos niega su salud, sanidad, medicina, nosotros no lo vamos a buscar.

 Perdemos el tiempo hundidos-encerrados en nosotros mismos, abismados en el infierno del ego dedicándonos a satisfacer al tirano del ‘yo’.

 Y esto ocurre aun cuando hablamos sobre Dios todo el tiempo.

 Si queremos ver algo diferente, si deseamos acceder a la salud o medicina de Dios, debemos volver a Él, porque todos los males se generan en la separación de Él, simplemente porque Él Es El Bien Verdadero y Eterno, El Sumo Bien, El Único Bien, Él Es Dios y nos estamos privando de Él.

 Nos estamos privando de Dios y así nos provocamos todos los males porque nos privamos del Bien Verdadero.

 Dios no se niega, no se resiste, no se oculta, el problema es que todavía no hemos levantado la cabeza, no lo hemos buscado, no hemos salido de nosotros mismos, por ello es seguimos postrados en la miseria padeciendo su ausencia.



29 de Septiembre, Fiesta de SAN GABRIEL ARCÁNGEL


29 de Septiembre, Fiesta de SAN GABRIEL ARCÁNGEL


¿Se acabó la Revelación Divina?, Sí y no. Se terminó la Revelación pública, pero no la Revelación privada, si Dios no pudiera revelarse, manifestarse, darse, entregarse, a sus hijos, sería una religión muerta como hay tantas en el mundo donde a Dios se lo trata como un obrador de prodigios en el pasado y un inútil espectador inerte en el presente incapaz de moverse, revelarse o manifestarse.

En la oración revela su Divina Presencia, es donde se manifiesta Vivo y Presente, si nos parece que se halla ausente o demasiado callado, es simplemente porque no oramos o lo hacemos mal, es porque no lo escuchamos ni lo queremos obedecer, Dios Vive, ¡Vive El Señor!, y por ello se manifiesta-revela a diario.




CAPITULO 10: Despacha la Beatísima Trinidad al Santo Arcángel Gabriel que anun­cie y evangelice a María Santísima cómo es elegida para Madre de Dios.


 Determinado estaba por infinitos siglos, pero escondido en el secreto pecho de la sabiduría eterna, el tiempo y hora conveniente en que oportunamente se había de manifestar en la carne el gran sacramento de piedad, justificado en el espíritu, predicado a los hombres, declarado a los ángeles y creído en el mundo (1 Tim., 3, 16).

 En esta plenitud de tiempo prefinito determinó el Altísimo enviar su Hijo unigénito al mundo, y confiriendo —a nuestro modo de entender y de hablar— los decretos de su eternidad con las pro­fecías y testificaciones hechas a los hombres desde el principio del mundo, y todo esto con el estado y santidad a que había levantado a María Santísima, juzgó convenía todo esto así para la exaltación de su santo nombre y que se manifestase a los Santos Ángeles la ejecución de esta su eterna voluntad y decreto y por ellos se comen­zase a poner por obra.

 Habló Su Majestad al Santo Arcángel Ga­briel con aquella voz o palabra que les intima su santa voluntad. A la insinuación de la voluntad Divina estuvo presto San Gabriel, como a los pies del trono, y atento al ser inmutable del Altísimo, y Su Majestad por sí le mandó y declaró la legacía que había de hacer a María Santísima y las mismas palabras con que la había de saludar y hablar; de manera que su primer autor fue el mismo Dios, que las formó en su mente Divina, y de allí pasaron al Santo Arcángel, y por él a María Purísima. Reveló junto con estas palabras el Señor muchos y ocultos sacramentos de la encarnación al Santo príncipe Gabriel, y la Santísima Trinidad le mandó fuese [y] anunciase a la divina doncella cómo la elegía entre las mujeres para que fuese Madre del Verbo Eterno y en su virginal vientre le concibiese por obra del Espíritu Santo, y ella quedando siempre virgen; y todo lo demás que el paraninfo divino había de manifestar y hablar con su gran Reina y Señora.

 Obedeciendo con especial gozo el soberano príncipe Gabriel al divino mandato, descendió del supremo cielo, acompañado de muchos millares de Ángeles hermosísimos que le seguían en forma visible.

 La de este gran príncipe y legado en como de un mancebo elegantísimo y de rara belleza: su rostro tenia refulgente y despedía muchos rayos de resplandor, su semblante grave y majestuoso, sus pasos medidos, las acciones compuestas, sus palabras ponderosas y eficaces y todo él representaba, entre severidad y agrado, mayor deidad que otros ángeles de los que había visto la divina Señora hasta entonces en aquella forma.

 Llevaba diadema de singular res­plandor y sus vestiduras rozagantes descubrían varios colores, pero todos refulgentes y muy brillantes, y en el pecho llevaba como en­gastada una cruz bellísima que descubría el misterio de la encarna­ción a que se encaminaba su embajada, y todas estas circunstancias solicitaron más la atención y afecto de la prudentísima Reina.

  La persona de esta divina Reina era dispuesta y de más al­tura que la común de aquella edad en otras mujeres,  pero muy elegante del cuerpo, con suma proporción y perfección:

  el rostro más largo que redondo, pero gracioso, y no flaco ni grueso, el color claro  y  tantito  moreno;   la  frente  espaciosa  con  proporción;   las cejas en arco perfectísimas; los ojos grandes y graves, con increíble e indecible hermosura y  columbino  agrado,  el  color  entre  negro y verde oscuro; la nariz seguida y perfecta; la boca pequeña y los labios colorados y sin extremo delgados ni gruesos; y toda ella en estos  dones de naturaleza  era  tan proporcionada y  hermosa  que ninguna otra criatura humana lo fue tanto. El mirarla causaba a un mismo   tiempo alegría y reverencia,   afición   y temor   reverencial; atraía el corazón y le detenía en una suave veneración; movía para alabarla y enmudecía su grandeza y muchas gracias y perfecciones; y causaba en todos los que advertían divinos efectos que no se pue­den fácilmente explicar; pero llenaba el corazón de celestiales influ­jos y movimientos divinos que encaminaban a Dios.

 Su vestidura era humilde, pobre y limpia, de color platea­do, oscuro o pardo que tiraba a color de ceniza, compuesto y aliñado sin curiosidad, pero con suma modestia y honestidad.

  Cuando se acercaba la embajada del cielo, ignorándolo ella, estaba en altísima contemplación sobre los misterios que había renovado el Señor en ella con tan repetidos favores los nueve días antecedentes. Y por haberla asegurado el mismo Señor, como arriba dijimos (Cf. supra n.94), que su Unigénito descendería luego a tomar forma humana, estaba la gran Reina fervorosa y alegre en la fe de esta palabra y, renovando sus humildes y encendidos afectos, decía en su corazón:

 ¿Es posible que ha llegado el tiempo tan dichoso en que ha de bajar el Verbo del eterno Padre a nacer y conversar con los hombres (Bar., 3, 38), que le ha de tener el mundo en posesión, que le han de ver los mortales con ojos de carne, que ha de nacer aquella luz inaccesible, para iluminar a los que están poseídos de tinieblas? ¡Oh quién mereciera verle y co­nocerle! ¡Oh quién besara la tierra donde pusiera sus divinas plantas!

 Alegraos, cielos, y consuélese la tierra (Sal., 95, 11),  y todos  eterna­mente le bendigan y alaben, pues ya su felicidad eterna está vecina. ¡Oh hijos de Adán afligidos por la culpa, pero hechuras de mi ama­do, luego levantaréis la cabeza y sacudiréis el yugo de vuestra an­tigua cautividad! Ya se acerca vuestra redención, ya viene vuestra salud. ¡Oh padres antiguos y profetas, con todos los justos que es­peráis en el seno de Abrahán detenidos en el limbo, luego llegará vuestro consuelo, no tardará vuestro deseado y prometido  Reden­tor! Todos le magnifiquemos y cantemos himnos de alabanza.  ¡Oh quién fuera sierva de sus siervas! ¡Oh quién fuera esclava de aquella que Isaías (Is., 7, 14) le señaló por Madre!  ¡Oh Emmanuel, Dios y hombre verdadero! ¡Oh llave de David, que has de franquear los cielos! ¡Oh Sabiduría eterna!  ¡Oh Legislador de la nueva Iglesia! Ven, ven, Se­ñor, a nosotros y libra de la cautividad a tu pueblo, vea toda carne tu salud (Cf. las antífonas mayores, llamadas de la Oh, y el oficio litúrgico del Adviento).

 En estas peticiones y operaciones, y muchas que no alcan­za mi lengua a explicar, estaba María Santísima en la hora que llegó el Ángel San Gabriel. Estaba purísima en el alma, perfectísima en el cuerpo, nobilísima en los pensamientos, eminentísima en santidad, llena de gracias y toda divinizada y agradable a los ojos de Dios, que pudo ser digna Madre suya y eficaz instrumento para sacarle del seno del Padre y traerle a su virginal vientre. Ella fue el pode­roso medio de nuestra redención y se la debemos por muchos títu­los, y por esto merece  que todas  las  naciones y generaciones  la bendigan y eternamente la alaben (Lc., 1, 48). Lo que sucedió con la entrada del embajador celestial diré en el capítulo siguiente.


(Extracto de la obra “Mística Ciudad de Dios”, de la Venerable Sierva de Dios Sor María de Jesús de Ágreda).



29 de Septiembre, Fiesta de SAN MIGUEL ARCÁNGEL


29 de Septiembre, Fiesta de SAN MIGUEL ARCÁNGEL


¿Fueron probados los Ángeles?, ¡Por supuesto!, así es como, los que perseveraron, fueron confirmados en Gracia y hoy son Ángeles buenos, fieles, leales al Señor; mientras que, aquellos que se eligieron a sí mismos renegando de la Voluntad Divina, se convirtieron en demonios.

Pensemos hoy en que todos somos probados, y todos tenemos como los Ángeles la posibilidad de elegir entre la Voluntad Divina y la voluntad propia, entre Él y nosotros mismos, y llegar a ser como Ángeles o como demonios. Considerar que la conducta genera tendencia y acaba determinando el destino y ser eterno.




Y sucedió en el cielo una gran batalla: Miguel y sus ánge­les peleaban con el dragón y el dragón y sus ángeles peleaban. Ha­biendo manifestado el Señor lo que está dicho a los buenos y malos ángeles, el santo príncipe Miguel y sus compañeros por el divino permiso pelearon con el dragón y sus secuaces. Y fue admirable esta batalla, porque se peleaba con los entendimientos y voluntades.

 San Miguel, con el celo que ardía en su corazón de la honra del Altí­simo y armado con su divino poder y con su propia humildad, resistió a la desvanecida soberbia del dragón, diciendo:

“Digno es el Altísimo de honor, alabanza y reverencia, de ser amado, temido y obedecido de toda criatura; y es poderoso para obrar todo lo que su voluntad quisiere; y nada puede querer que no sea muy justo el que es in­creado y sin dependencia de otro ser, y nos dio de gracia el que tenemos, criándonos y formándonos de nada; y puede criar otras criaturas cuando y como fuere su beneplácito. Y razón es que nos­otros, postrados y rendidos ante su acatamiento, adoremos a Su Majestad y real grandeza. Venid, pues, ángeles, seguidme, y adoré­mosle y alabemos sus admirables y ocultos juicios, sus perfectísimas y santísimas obras. Es Dios Altísimo y superior a toda criatura, y no lo fuera si pudiéramos alcanzar y comprender sus grandes obras. Infinito es en sabiduría y bondad y rico en sus tesoros y beneficios; y, como Señor de todo y que de nadie necesita, puede comunicarlos a quien más servido fuere y no puede errar en su elección. Puede amar y darse a quien amare, y amar a quien quisiere, y levantar, criar y enriquecer a quien fuere su gusto; y en todo será sabio, santo y poderoso. Adorémosle con hacimiento de gracias por la ma­ravillosa obra que ha determinado de la Encarnación y favores de su pueblo, y de su reparación si cayere. Y a este Supuesto de dos naturalezas, divina y humana, adorémosle y reverenciémosle y re­cibámosle por nuestra cabeza; y confesemos que es digno de toda gloria, alabanza y magnificencia, y como autor de la gracia y de la gloria le demos virtud y divinidad”.

 Con estas armas peleaban San Miguel y sus ángeles y com­batían como con fuertes rayos al dragón y a los suyos, que también peleaban con blasfemias;  pero a la vista del santo Príncipe, y no pudiendo resistir, se deshacía en furor y por su tormento quisiera huir, pero la voluntad divina ordenó que no sólo fuese castigado, sino también fuese vencido, y a su pesar conociese la verdad y poder de Dios; aunque blasfemando, decía:

Injusto es Dios en levantar a la humana naturaleza sobre la angélica. Yo soy el más excelente y hermoso ángel y se me debe el triunfo; yo he de poner mi trono (Is., 14, 13) sobre las estrellas y seré semejante al Altísimo y no me sujetaré a ninguno de inferior naturaleza, ni consentiré que nadie me pre­ceda ni sea mayor que yo.

—Lo mismo repetían los apostatas secua­ces de Lucifer;

 pero San Miguel le replicó:

 ¿Quién hay que se pueda igualar y comparar con el Señor que habita en los cielos? Enmu­dece, enemigo, en tus formidables blasfemias y, pues la iniquidad te ha poseído, apártate de nosotros, oh infeliz, y camina con tu ciega ignorancia y maldad a la tenebrosa noche y caos de las penas in­fernales; y nosotros, oh espíritus del Señor, adoremos y reverencie­mos a esta dichosa mujer, que ha de dar carne humana al eterno Verbo, y reconozcámosla por nuestra Reina y Señora.

 Era aquella gran señal de la Reina escudo en esta pelea para los buenos ángeles y arma ofensiva para contra los malos; porque a su vista las razones y pelea de Lucifer no tenían fuerza y se turbaba y como enmudecía, no pudiendo tolerar los misterios y sacramentos que en aquella señal eran representados. Y como por la divina virtud había aparecido aquella misteriosa señal, quiso también Su Majestad que apareciese la otra figura o señal del dragón rojo y que en ella fuese ignominiosamente lanzado del cielo con espanto y terror de sus iguales y con admiración de los Ángeles Santos; que todo esto causó aquella nueva demostración del poder y justicia de Dios.

 Dificultoso es reducir a palabras lo que pasó en esta me­morable batalla, por haber tanta distancia de  las  breves  razones materiales a la naturaleza y operaciones de tales y tantos espíritus Angélicos. Pero los malos no prevalecieron, porque la injusticia, men­tira e ignorancia y malicia no pueden prevalecer contra la equidad, verdad, luz y bondad; ni estas virtudes pueden ser vencidas de los vicios; y por esto dice que desde entonces no se halló lugar suyo en el cielo.

 Con los pecados que cometieron estos desagradecidos án­geles, se hicieron indignos de la eterna vista y compañía del Señor y su memoria se borró en su mente, donde antes de caer estaban como escritos por los dones de gracia que les había dado; y, como fueron privados del derecho que tenían a los lugares que les estaban prevenidos si obedecieran, se traspasó este derecho a los hombres y para ellos se dedicaron, quedando tan borrados los vestigios de los ángeles apostatas que no se hallarán jamás en el cielo. ¡Oh infe­liz maldad, y nunca harto encarecida infelicidad, digna de tan espan­toso y formidable castigo! Añade y dice:

 Y fue arrojado aquel gran dragón, antigua serpiente que se llama diablo y Satanás, que engaña a todo el orbe, y fue arrojado en la tierra y sus ángeles fueron enviados con él. Arrojó del cielo el Santo Príncipe Miguel a Lucifer, convertido en dragón, con aquella invencible palabra: ¿Quién como Dios? que fue tan eficaz, que pudo derribar aquel soberbio gigante y todos sus ejércitos y lanzarle con formidable ignominia en lo inferior de la tierra, comenzando con su infelicidad y castigo a tener nuevos nombres de dragón, serpien­te, diablo y Satanás, los cuales le puso el Santo Arcángel en la ba­talla, y todos testifican su iniquidad y malicia.

 Y privado por ella de la felicidad y honor que desmerecía, fue también privado de los nombres y títulos honrosos y adquirió los que declaran su ignomi­nia; y el intento de maldad que propuso y mandó a sus confede­rados, de que engañasen y pervirtiesen a todos los que en el mundo viviesen, manifiesta su iniquidad.  Pero el que en su pensamiento hería a las gentes, fue traído a los infiernos, como dice Isaías, ca­pítulo 14 (Is., 14, 15), a lo profundo del lago, y su cadáver entregado a la car­coma y gusano de su mala conciencia; y se cumplió en Lucifer todo lo que dice en aquel lugar el Profeta.

 Quedando despojado el cielo de los malos ángeles y corrida la cortina de la divinidad a los buenos y obedientes, triunfantes y gloriosos éstos y castigados a un mismo tiempo los rebeldes, prosi­gue el evangelista que oyó una grande voz en el cielo, que decía:

 Ahora ha sido hecha la salud y la virtud y el reino de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, que en la presencia de nuestro Dios los acusaba de día y de noche.

 Esta voz que oyó el evangelista fue de la persona del Verbo, y la percibieron y entendieron todos los Ángeles Santos, y sus ecos llegaron hasta el infierno, donde hizo temblar y des­pavorir a los demonios; aunque no todos sus misterios entendieron, mas de solo aquello que el Altísimo quiso manifestarles para su pena y castigo.

 Y fue voz del Hijo en nombre de la humanidad que había de tomar, pidiendo al eterno Padre fuese hecha la salud, virtud y reino de Su Majestad y la potestad de Cristo; porque ya había sido arro­jado el acusador de sus hermanos del mismo Cristo Señor nuestro, que eran los hombres.

 Y fue como una petición ante el trono de la Santísima Trinidad de que fuese hecha la salud y virtud, y los mis­terios de la Encarnación y Redención fuesen confirmados y ejecu­tados contra la envidia y furor de Lucifer, que había bajado del cielo airado contra la humana naturaleza de quien el Verbo se había de vestir; y por esto, con sumo amor y compasión los llamó herma­nos.

 Y dice que Lucifer los acusaba de día y de noche, porque, en presencia del Padre Eterno y toda la Santísima Trinidad, los acusó en el día que gozaba de la gracia, despreciándonos desde entonces con su soberbia, y después, en la noche de sus tinieblas y de nues­tra caída, nos acusa mucho más, sin haber de cesar jamás de esta acusación y persecución mientras el mundo durare. Y llamó virtud, potestad y reino a las obras y misterios de la Encarnación y Muerte de Cristo, porque todo se obró con ella y se manifestó su virtud y potencia contra Lucifer.


(Extracto de la obra “Mística Ciudad de Dios”, de la Venerable Sierva de Dios Sor María de Jesús de Ágreda).


28 septiembre 2018

MENSAJE DE JESÚS, EL SEÑOR; de DIOS PADRE; del ESPÍRITU SANTO y de MARÍA VIRGEN, del día 26 Sep 18


MENSAJE DE JESÚS, EL SEÑOR; de DIOS PADRE; del ESPÍRITU SANTO y de MARÍA VIRGEN, del día 26 Sep 18


MENSAJE DE JESÚS, EL SEÑOR


“Entregame tu fe”.
“Me diste todo, te daré todo”.
“No me negaste nada, no te negaré nada”.
“Almas y naciones fueron esclavizadas”.
“Aceptá tu nombre”.
“Mirá quienes vienen a vos”.
“Los pueblos se dirigen a tu luz”.
“Serás una luz para las almas y naciones”.
“La luz brillará siempre sobe vos”.
“El sol nunca se pondrá en este lugar”.

Leer su explicación en:


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MENSAJE DE DIOS PADRE


“Mi presencia será arrancada”.
“El trono será ocupado-usurpado”.
“Muchos serán perseguidos”.
“Mi hijo reposará sobre vos”.
“Y se lo hallará en refugios con los desterrados”.


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MENSAJE DEL ESPÍRITU SANTO


“Él Es El Juez, en la Santa Cruz”.
“Éste Es El Justo Juez que gobernará pueblos y naciones, que guiará almas a la salvación”.


Leer su explicación en:


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MENSAJE DE MARÍA VIRGEN


“Mientras te valés por vos mismo, adormecés al Señor”.
“Mientras estás ocupado ocupándome de vos, le impedís ser Dios”.
“Hasta que la de los fuerza de golpes te hacen entender que debés recurrir a Él”.
“Siempre pide lo que no querés y ahí es donde vale la fe”.
“Si te valés por cuenta propia tratando de resolver lo que querés, evitar lo que no querés o buscando obtener lo que necesitás, no hay fe aunque hables de Él”.


Leer su explicación en:


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MENSAJE DE MARÍA VIRGEN, del día 26 Sep 18


MENSAJE DE MARÍA VIRGEN, del día 26 Sep 18


“Mientras te valés por vos mismo, adormecés al Señor”.
“Mientras estás ocupado ocupándome de vos, le impedís ser Dios”.
“Hasta que la de los fuerza de golpes te hacen entender que debés recurrir a Él”.
“Siempre pide lo que no querés y ahí es donde vale la fe”.
“Si te valés por cuenta propia tratando de resolver lo que querés, evitar lo que no querés o buscando obtener lo que necesitás, no hay fe aunque hables de Él”.


 Como siempre, la Virgen es Maestra de Humildad y me señala el error, lo que debo corregir, aquello en lo que El Señor me quiere corregir, dónde lo debo aceptar como Señor, Maestro, Guía, Salvador.

 Me hace ver que estoy obrando por cuenta propia y que ando muy preocupado por mí ocupándome de mí.

 Me hace entender que, mientras me ocupo de mí, no dejo al Señor que se ocupe de mí, yo mismo obstaculizo e impido su obra, su Paso Salvador-Libertador-Purificador-Santificador.

 Aun hablando de Él todo el tiempo estoy ocupado de mí, preocupado por mí y no haciendo otra cosa mas que dedicarme a mi ‘yo’.

 Ese ‘yo’ es tan ‘yo’ que acaba siendo otro, cobra vida propia, de rey pasa a tirano y me esclaviza con sus caprichos, miedos, deseos, etc.

 No hago otra cosa mas que ocuparme de él, de ese ‘yo’ que hasta dice y finge ser piadoso y perfecto.

 Me hace ver que mi religiosidad, piedad, devoción, es nada, oropel, como la del joven rico, tengo buena voluntad, predisposición, pero no hay mas que obra humana, orgullo.

 Por ello es que en el principio me pidió fe, análogamente me dijo lo mismo que al joven rico, “Ve vende lo que tienes y luego ven y sígueme”, me pidió que dejara mi fe humana y superficial para pasar a tener una Fe verdadera, espiritual, basada en confiar realmente en Él, cosa que solo ocurre cuando le entrego el comando de mi vida, cuando Él decide y yo obedezco realmente su Divina Voluntad.

 Y mi tarea, trabajo, es discernir puntualmente esa Voluntad Divina suya para mi vida, porque ahí es donde lo obedezco realmente y no de forma genérica.

 En una entrega genérica, de buena voluntad, todo acaba siendo superficial, mientras que interiormente subyace rebeldía, hay una capa de piedad, pero no hay amor verdadero al Señor.

 Acá me sugiere que le diga a Dios que lo amo, que verdaderamente lo amo, cosa que resulta repugnante al orgullo y ahí me libera o purifica del orgullo y la entrega es real, de corazón y no solo mental.

 Así es como por María Virgen llego a la verdadera comunión con El Señor y me siento verdaderamente en Paz, aun cuando exteriormente nada ha cambiado.



MENSAJE DEL ESPÍRITU SANTO, del día 26 Sep 18


MENSAJE DEL ESPÍRITU SANTO, del día 26 Sep 18


“Él Es El Juez, en la Santa Cruz”.
“Éste Es El Justo Juez que gobernará pueblos y naciones, que guiará almas a la salvación”.


 Mientras El Espíritu Santo decía esto, veo al Señor Crucificado, colgado de la Santa Cruz y agonizante.

 Luego me hace ver su rostro sangrante, coronado de espinas, reclinado, sin fuerzas ya, y detrás, veo mi lugar en La Santa Cruz, me había olvidado, vuelvo a verlo y lo recuerdo.

 Es el centro, donde se unen las maderas, es un cuadrado formado por cuatro cuadrados adentro y se halla ubicado en el centro exacto.

 Después me hace contemplar la unión entre Él y yo, me hace pensar en el misterio de la Unión Hipostática del Verbo y en cómo se actualiza cuando nos entregamos a su Voluntad sacrificando la voluntad propia. Me recuerda lo que puede hacer cuando lo dejamos Ser y Hacer.

 No voy a decir mas nada.



MENSAJE DE DIOS PADRE, del día 26 Sep 18


MENSAJE DE DIOS PADRE, del día 26 Sep 18


“Mi presencia será arrancada”.
“El trono será ocupado-usurpado”.
“Muchos serán perseguidos”.
“Mi hijo reposará sobre vos”.
“Y se lo hallará en refugios con los desterrados”.


 Me muestra como ha sido borrada su Divina Presencia del mundo y también de las religiones.

 Veo-entiendo-contemplo como todo ha sido subvertido, cambiado, alterado, adulterado y cómo las almas se han entregado a satanás al dedicarse a satisfacer su ego, vicios, ambiciones, caprichos, delirios, etc.

 Consciente o inconscientemente quienes dicen y fingen servirlo, no lo hacen, solo buscan un provecho personal, se dedican al mundo, quieren satisfacer su ego y buscan la aprobación del mundo.

 En general, no hay entrega incondicional a su Divina Voluntad.

 Ni siquiera saben las almas librar el combate espiritual, por ello es que se enorgullecen colando un mosquito sin advertir que se tragan un camello.

 El trono del Señor fue usurpado, ocupado, y esto ocurrió tanto en el interior de las almas como en el mundo.

 El trono del Señor en el interior de las almas fue ocupado por un espíritu orgulloso, ególatra narcisista miserable desamorado, las almas se dedican a satisfacerse a sí mismas.

 El trono del Señor en el mundo fue usurpado, no es un enviado suyo el que reina en el mundo y sobre las naciones, la iglesia se encuentra en poder de los cerdos, es decir, de demonios.

 Y cuando cambien las autoridades, no va a ser diferente, va a ser mas de lo mismo, será otro traidor sin Espíritu de Dios, no elegido por Él.

 Mientras que veo-entiendo y confirmo todo esto que ya venía entendiendo desde hace tiempo, veo como ocurren tales cosas en el mundo.

 Luego me dice que, al ser echado definitivamente de su Iglesia, según la profecía de Fátima, cuando su Espíritu de blanco abandone el templo entre acusaciones y excomuniones de los bandos en pugna por el poder, su Espíritu reposará sobre mí, su Hijo vendrá y Reinará en mí, inhabitación de su Espíritu.

 También me hace ver como se refugiará en grupos de oración que deseen conservar la verdadera fidelidad a Él y que no se plieguen al modernismo satánico encubierto de humanismo y que no es mas que egolatría narcisista infernal.