14 junio 2018

EL AMOR COMO MÉTODO DE RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO EN CUESTIONES DE FAMILIA, UNA HERRAMIENTA PARA LA MEDIACIÓN


EL AMOR COMO MÉTODO DE RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO EN CUESTIONES DE FAMILIA, UNA HERRAMIENTA PARA LA MEDIACIÓN



1.- Cuestiones preliminares


1.1.- El árbol de la vida-amor

 El árbol de la vida, el árbol del amor, tiene diferentes ramas, son diferentes amores, diferentes voluntades de amar que crecen en los corazones: Amor a Dios, amor a la Patria, amor a los padres, amor al prójimo, amor a los hijos, son algunas de sus ramas.

 Cada uno cultiva el amor al que mas se siente inclinado, y así como no son todos los árboles iguales, no son todas las personas iguales.

1.2.- Sobre cómo se expresa el amor

 El amor se expresa de una manera doble: Como aceptación y como entrega.

 La persona que ama, acepta a la otra y a la vez se entrega a ella, le presta atención, se pone a su disposición, vive para forjar su felicidad.

 En la entrega y aceptación mutua, lo que se hace es reconocerle al otro capacidad de disposición, el otro puede disponer de la vida de la contraparte como si fuese propia.

 Ambos deciden sobre el otro, se otorgan-reconocen ese poder o autoridad, se entregan esa capacidad de disposición.


2.- Inicio del vínculo


 Dos personas se conocen, enamoran y comienzan a amarse.

 El amor es un proceso de aceptación y entrega mutua, ambas partes se aceptan y entregan a la vez.

 Si esto no ocurre, no es amor, la relación no es pareja, no están a la par y se forma una relación de subordinación, uno detenta el poder y no se entrega ni acepta, decide y tiene la capacidad de imponer las decisiones, el otro acepta, obedece y se entrega.


3.- Consolidación de la relación


 En condiciones normales, ambas partes se esfuerzan, desean forjar una vida en común, por eso se aman, es decir, se aceptan y entregan mutuamente.

 Esto ocurre con resistencia u oposición interior. Esto se debe a los miedos y costumbres, las autodefensas, el instinto de conservación.

 Esas barreras interiores, se manifiestan como violencia, como imposición violenta, capricho, rebeldía, rechazo, no entrega.

 Estas barreras se rompen o trascienden por un esfuerzo, un esfuerzo de amor, de voluntad de amar que logra vencer el miedo, limitar la autodefensa, apartar el instinto de conservación que se manifiesta como exagerada prudencia.

 Ahí las personas crecen, generan amor, porque tienen voluntad de amar. Ahí se entregan y aceptan mutuamente y ahí forman un lazo que los convierte en uno, salen del ‘yo’ para formar el ‘nosotros’.


4.- Profundizando en el conflicto


 Siempre que hay enamoramiento, se idealiza a la otra persona, y por amor se obvian, descartan, no se ven sus defectos. Luego, cuando pasa el tiempo, en la convivencia diaria, comienzan a padecerse las diferencias.

 La persona no cambió, sigue siendo la misma, es la que era, no cambió, la cuestión es que va descubriendo la realidad.

 Ese es el lugar para el amor. Ahí ambas partes tienen que ceder, acercarse, renunciar en algo tanto para dar como para aceptar.

 Siempre se trata de dos mundos diferentes que entran en colisión, chocan, se encuentran, y lógicamente, deben acomodarse, reordenarse, para forjar un nuevo mundo.

 El acomodamiento o reordenamiento se debe a que dos ‘yo’ diferentes se aceptan y entregan mutuamente para forjar un ‘nosotros’ totalmente nuevo que no es ni uno ni otro, sino los dos juntos.

 Son como dos engranajes que deben ir limándose en el roce para acabar de encajar y girar juntos como parte de un gran motor que es toda la humanidad.

 Luego, pueden surgir los hijos como fruto de ese ‘nosotros’ que es amor puro.


5.- El miedo


 Cuando prevalece momentáneamente el miedo en ambas partes, se produce desconfianza y cada una se encierra en sí, se retrae.

 El vínculo se vuelve delgado, el miedo determina caprichos, la voluntad se vuelve violencia, imposición, demanda, exigencia.
 Las partes no se aman, no se aceptan, no se entregan, sino todo lo contrario.

 Es como la miseria material, pero en el ámbito interno, se extingue pronto la llama del amor y comienza a arder el fuego helado del temor, la preocupación por sí, el amor propio o egoísmo.

 La presión externa, un hecho ajeno a la relación, incide en esas fisuras de la unión, pesa especialmente donde hay grietas.
 Esas grietas son fruto de egoísmo, de no-amor, de falta de entrega y de falta de aceptación.

 Hay cosas que pueden llegar a aceptarse y siempre hay cosas que no, cosas que siempre van a ser inaceptables, pero, con el tiempo, pueden soportarse, perdonarse, sobrellevarse, y como siempre, esto solo por amor, por la voluntad de seguir adelante, juntos, amándose.


6.- Crisis, oportunidad de crecimiento = amar mas y mejor


 Las pequeñas crisis producen reacomodamiento, reordenamiento, son oportunidades de generar mas amor y de producir una nueva entrega mutua, de provocar un crecimiento personal en ambas partes, (En el ‘yo’) y como pareja, (En el ‘nosotros’).

 Una gran crisis como la que determina una separación, no es diferente a la situación anterior.

 Es una nueva oportunidad para crecer, generar mas amor, producir el perdón, per-don, el don mas alto, amar cuando no se debe amar, cuando todo dice ‘condenar’, ‘castigar’, ‘vengarse’, ‘tratar igual o peor’.

 Una gran crisis es solo hallar el límite que de transvasarse, es el fin de mezquindades, miedos, egoísmos y desconfianzas.

 No es un gran final, es un nuevo y gran comienzo, la oportunidad de amar como no se hizo antes, negándose verdaderamente a sí mismo, venciéndose, entregándose, aceptando, haciendo lo que racionalmente no se haría.

 Por justicia no se haría, no es debido, ni siquiera es razonable, solo es amor que perdona, acepta, se entrega y vuelve amar a imagen y semejanza de Dios.

 Hay que ver que el otro no es un enemigo a vencer, someter, humillar, derrotar y destruir. No es un adversario del que hay que vengarse, hacerle pagar. No pasó a ser un demonio.


7.- Posibles finales


 En medio de una gran crisis, como siempre, hay diferentes opciones, se puede terminar la relación, puede cambiar, puede producirse una separación temporal, etc.

 Pasada la furia inicial que produce la ruptura en el vínculo, la pérdida en la confianza y el justificativo de la violenta acusación mutua, se pueden ver las opciones, considerar los diferentes escenarios y las posibles resoluciones.

 Lo ideal sería reacomodar, reordenar, tratar de reestablecer el vínculo, perdonar, volver a amar y comenzar de nuevo.

 Esto implica una nueva cesión mutua, renuncia mutua y mutua aceptación. Se trata de amar mas y mejor, de entregarse totalmente venciendo los miedos-dudas propias y dejando de acusar-responsabilizar al otro.

 No siendo posible, si una o ambas partes no están dispuestas a redoblar el amor, hay que buscar que el final sea menos traumático, que deje de ser una guerra entre adversarios y sea una negociación entre iguales a instancia de un mediador.

 Ni vencedores, ni vencidos, un armisticio, negociación para comenzar una nueva y diferente etapa por separado, conservando en común lo que fuere necesario para el desarrollo de los hijos si los hubiere.




Dr. Jorge Benjamín Lojo.