16 abril 2018

EL MAL QUE AFLIGE AL MUNDO, SU CAUSA Y SU REMEDIO


EL MAL QUE AFLIGE AL MUNDO, SU CAUSA Y SU REMEDIO


 Hoy en día las personas se pelean por cualquier razón o por ninguna razón. También se pelean para tener razón o para demostrar que el otro no la tiene. Se pelean aunque no tengan razón y mas aun cuando no la tienen.

 La cuestión es pelear, vomitar odio, dominar, prevalecer, reina, imponerse, humillar, someter, denigrar, rebajar. Y para pelear, siempre es buena la ocasión, pretextos nunca faltan.

 Solo hay odio-veneno en los corazones que se han vuelto totalmente orgullosos y desamorados.

 A nadie le importa nada de nada ni de nadie.

 Cada uno solo y siempre piensa en sí mismo.

 Todos se encuentran justificados para obrar como se les da la gana, siempre tienen un pretexto para hacer lo que quieren.

 Es la hora de la exaltación del ‘yo’, cada cual quiere hacer de su ego delirante un dios, exponerlo, llevarlo al éxito, hacerlo prevalecer.

 Supuran orgullo, destilan odio, vomitan maldad, se ahogan en el abismo de su infernal egolatría narcisista nimbadas de miedo.

 Así es como han convertido el mundo en una abominable e infernal ciénaga nauseabunda en la que las personas se revuelcan con y como demonios corrompiéndose hasta perder los rasgos de humanidad.

 En ese abismo de inútil e infernal preocupación por sí consideran que cuanto se les ocurra se encuentra justificado, es debido y necesario.

 Y así como a nadie le importa nada de nada ni de nadie, a nadie le importa Dios, la Verdad, la vida. Es el imperio del capricho delirante, la hora de los delirios de soberbio.

 Hay que romper la costra del orgullo, el cerco de auto encierro, los límites de miseria, de desamor, hay que vencer el miedo, dejar de pensar obsesiva, desesperada y angustiantemente en sí mismo.

 Hay que levantar la cabeza, mirar arriba, volver a Dios, darle a Él lugar debido, justo, correspondiente.

 Solo cuando Dios ocupe el lugar debido se acabará el miedo, cesará esa oscuridad angustiante, desesperante y demoledora que empuja que cada uno se comporte como un demonio, pues quien se comporta como demonio, es tratado como tal y acabará siendo uno de ellos.

 No se acabará el miedo ni cederá la oscuridad prevaleciendo, imponiéndose, reinando, haciendo siempre la propia voluntad. Todo lo contrario, éste es el camino al abismo eterno, es adentrarse en el abismo del ego propio y someterse al yo-ego para ser su esclavo para siempre.

 El miedo cesa enfrentándolo, poniéndole límites, confiando en Dios, saliendo de sí mismo, aceptando la Voluntad de Dios y colaborando en Que Se Haga-Reine-Triunfe en nuestra vida-casa-corazón.