15 marzo 2018

SOBRE EL TOC, TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO



SOBRE EL TOC, TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO


 Florecen en las almas de estos tiempos muchos toc, trastornos obsesivos compulsivos.

 Esto se debe al miedo. Hay en las personas mucho miedo, es decir, una honda e inútil preocupación por sí mismas.

 Se preocupan demasiado por sí, esa preocupación se vuelve obsesión y puede degenerar en histeria.

 Hoy en día quieren controlar todo, y tanto es lo que desean controlar que acaban descontroladas.

 El deseo de controlar es fruto del miedo, de la preocupación por sí. Creen que controlando, imperando, prevaleciendo, haciéndose obedecer, se liberarán del miedo que las domina.

 Una vez mas, querer controlar acaba descontrolando o, lo que es lo mismo, el deseo de control asume el control provocando descontrol y he ahí la obsesión.

 El deseo de controlar cobra vida propia, existe por y para sí, se mueve por sí mismo, para seguir creciendo, multiplicándose, para acabar controlando-dominando a la persona, y es ahí donde se descontarla por completo, es ahí donde pierde totalmente el rumbo.

 Hay en el fondo miedo, miedo a no hacer las cosas bien o a no ser aprobado, y eso en esencia es simplemente preocupación por sí mismo, mirar hacia abajo, abismarse en el ego, perderse o naufragar en la propia miseria.

 Es miedo al desprecio, es recuerdo del rechazo y desprecio pasado que motiva como reacción o respuesta buscar obsesiva, angustiante y desesperadamente aprobación, aceptación, reconocimiento.

 ¿Tiene remedio?, Sí, y es tan simple como efectivo, hay que vencer el miedo, hay que dejar de mirarse a sí mismo, hay que levantar la cabeza, volver a Dios, darle a Dios el lugar propio y correspondiente.

 Hay que hacer el esfuerzo de querer controlar, prevalecer e imponerse, debemos renunciar a la propia voluntad, buscar lo que es Voluntad de Dios y dedicarse a no obstaculizarla, empeñarse en colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe la Voluntad de Dios en la propia vida.

 El miedo se vence con confianza, confianza en Dios, no en sí mismo.

 Miente el que dice que confía en sí mismo, nadie se basta a sí mismo, es miedo, no quiere reconocer que necesita de Dios y ahí está la causa de la debilidad en la que se hunde-pierde-naufraga-ahoga buscando obsesiva, angustiante y desesperadamente controlar, prevalecer e imponerse.

 Como última consideración, pensar que el límite que le imponemos a Dios, es el mismo límite que padecemos, simplemente porque nos privamos de Él, le impedimos Vivir-Reinar-Permanecer en nuestra vida, nos quedamos sin Su Vida padeciendo lo que es la lógica consecuencia, el infierno, la muerte, las tinieblas, o dicho de otra manera, padeciendo inútilmente.