10 febrero 2018

LUJURIA, POSESOS, CARNAVALES, AQUELARRES



LUJURIA, POSESOS, CARNAVALES, AQUELARRES


 Aparece una mujer danzando como lo hacen las odaliscas, o como lo hacen las de las comparsas y murgas, etc., retorciéndose, revolcándose en sí misma. Suenan los tambores y una música estridente, es un espectáculo infernal, y mientras se halla haciendo eso durante horas, cae en trance y le entra un espíritu demoníaco que le da una nueva fuerza, la anima y le da movimiento.

 Esto es posible porque el carnaval es un ritual satánico, sus ojos se ponen blancos por un instante porque se van hacia atrás, luego vuelven, pero negros, oscuros, profundos e intimidantes. A partir de ese momento su danza de por sí infernal y seductora, se vuelve mucho mas lujuriosa, y es como si ella misma cambiara de aspecto, porque su pelo se soltó, parece que se desatara toda y pasan a ser como serpientes, hace recordar a medusa.

 Los tambores suenan como en los rituales satánicos, como en umbandismo, y ella misma es poseída. Se trata de una persona común de esas que danzan satánicamente en los carnavales, pero, se puede ver lo que ocurre en tales rituales satánicos generalizados, en esas fiestas infernales que se celebran desgraciadamente en muchas ciudades, quedando infestadas de demonios, a la vez que consagradas a éstos y a la muerte eterna, junto con todos sus habitantes.

 El demonio que la ha tomado-poseído, es el del vicio de la lujuria, y la usa para corromperla a ella primero, y luego para que sea corruptora, para que sea instrumento de corrupción, para que arrastre a muchos al mismo vicio seduciendo, envenenando cuerpos, almas y espíritus, dado que todo vicio afecta los tres reinos de la persona, el material, corporal o terreno; el moral o intelectual; y el espiritual o eterno.

 La infección-infestación de los vicios es total. Todos los vicios comienzan en la separación de Dios, así es que son espíritus que desde afuera nos fuerzan a querer separarnos de Dios, y producido esto, surgen dentro nuestro porque los demonios-espíritus viciosos, entran y dejan su veneno. Usan personas para propagar sus enfermedades-vicios las que son portadoras y activas colaboradoras como la del ejemplo.

 Se trata de espíritus, los vicios son espíritus se contagian, se heredan como las enfermedades, pueden ser congénitos, etc., y como éstas, deben ser curados, remediados, purgados, de lo contrario cuerpos, almas y espíritus se enferman y corrompen, pereciendo.

 El espíritu del hombre muere al separarse de Dios que Es La Vida, el alma muere cuando no le llega la Vida porque el espíritu se separó, ahí comienza a pudrirse y se envicia llenándose de llagas; las virtudes que debían crecer, se transforman en vicios, y luego eso se transmite al cuerpo provocando enfermedades, simplemente porque el alma enferma, no puede transmitir vida sino expresiones de la muerte que son los vicios.

 Son siete vicios generalizados, principales, capitales, en este caso se trata de la lujuria, la que es reconocida fácilmente en el cuerpo, pero cuando tal vicio afecta a una persona en el alma o en el espíritu, no se lo reconoce. Lujuria en el alma es querer dominar, someter, vencer a otros, y lujuria en el espíritu, es querer vencer, dominar y someter a Dios.

 Si no aceptamos a Dios, Su Voluntad, nos rebelamos contra Él, generamos lujuria. Esto lo podemos hacer seducidos o manipulados por un espíritu de lujuria desde afuera, por un demonio propiamente de la categoría o clase dos que es la lujuria, o puede ser seducidos o manipulados por personas afectadas de tal vicio.

 Aunque oremos, podemos continuar siendo tentados por un demonio-espíritu de esta clase, también podemos generarlo nosotros, dado que no oramos para aceptar la Voluntad de Dios, sino que lo hacemos para imponerle a Dios que nos acepte a nosotros, lo que es ya lujuria, rechazo a Dios y querer vencerlo, dominarlo, someterlo e imponerle que nos adore a nosotros.

 Si hay una rebeldía interior, pueden desde afuera los malos espíritus influenciarnos, porque hay un mal espíritu adentro que le responde y le es fácilmente influenciable, ésta es la razón por la que hay que entregarse a la purificación, empezar a remediar la separación que tenemos de Dios, incluso mientras hablamos de Él todo tiempo sin haberlo aceptado, mientras nos oponemos y renegamos de su voluntad.

 En la raíz de este vicio, donde se genera este espíritu impuro, hay un miedo como en toda raíz de vicios, que se expresa así, ‘no quiero que me dejen sola’, y que es algo que crece con el tiempo, se transforma en una obsesión y luego llega a ser una desesperación.

 El miedo es siempre el principio de la enfermedad, cuando llega a formarse una obsesión, es porque ya ha dominado el alma y cuando se transforma en una desesperación, es porque se ha constituido el vicio en el espíritu, reina, domina, somete, porque se le ha dado libertad y satisfacción al vicio.

 El aspecto de este demonio, así como del vicio de la lujuria, es como el de un escorpión alado si es de tierra, o sea donde hay fe o religión, y como calamar de río en el agua, donde no hay fe, con armadura y tenazas. Es el mencionado en el Apocalipsis cuando dice que se abre el pozo del abismo y salen unos seres extraños donde los describe bien.

 Finalmente, la mujer poseída camina hacia un barranco arrastrando consigo a una multitud de cautivos, son almas seducidas que entran en el vicio de la lujuria por su danza infernal y por la fuerza del espíritu que ha entrado en ella para usarla. Tal imagen recuerda la piara de cerdos endemoniados que se desbarrancó y que luego quedó ahogada en un lago, respecto de la cual se puede leer en detalle en la obra de María Valtorta, “El Evangelio como me fue Revelado”, o “El poema del Hombre-Dios.”