15 mayo 2017

PERDER PARA GANAR



PERDER PARA GANAR


 En el combate espiritual sucede que hay muchas veces en las que se gana perdiendo.

 Esto significa que hay que perder para ganar, como Jesús en la Cruz.

 Es simple, consideramos que ganar es imponer la propia voluntad, mientras que perder es ceder o que la voluntad propia sea derrotada.

 Para ganar en el ámbito espiritual, es necesario perder, no imponer la propia voluntad, dejar que sea derrotada.

 La persona que gana siempre, que imponen su voluntad, en realidad esta perdiendo.

 Pierde el que gana y gana el que pierde.

 Hacer prevalecer siempre la voluntad propia convierte a la persona en caprichosa. Espiritualmente se deforma, llega a ser obsesiva, histérica, desesperada, se convierte en demonio, se va por la tangente, pierde contacto con la realidad, se engaña a sí, llega a considerar que es diosa, reina, un delirio de orgullo, una nube de tinieblas-oscuridad-muerte.

 Hay veces en las que se combate abiertamente al enemigo, pero también, hay veces que eso no sirve, depende de la situación, de lo que Dios quiera y del enemigo que se trate porque hay demonios y espíritus como el de la muerte eterna que absorben fuerza-vida-vitalidad de quienes los enfrentan, entonce, la manera de combatirlos es diferente.

 A éstos se los combate no enfrentándolos abiertamente, ignorándolos, dejando que ganen, como cuando El Señor en la Cruz aceptó la muerte.

 Volviendo al principio, para liberarse del orgullo-muerte eterna-tinieblas y del acoso de algunos demonios, es necesario perder, no ganar, que la voluntad propia sea derrotada, hay que soportar, sufrir, seguir, ignorar el dolor y perseverar.

 Así crece en el alma la Vida-Presencia de Dios por la aceptación que le abre la puerta, así el alma se fortalece generando un espíritu de obediencia y entrega a su Voluntad, de verdadero amor. Ahí el alma se sacrifica espiritualmente realizando un santo sacrificio espiritual que la iguala a Jesús, El Señor y que es donde Él Vive-Reina-Permanece.

 Entonces, en la dificultad que nos toca padecer, en vez de empecinarnos en ganar-prevalecer-imponernos, debemos perder, soportar, tener paciencia, ignorar el dolor, seguir adelante como si nada.

 No importa lo que otros hagan, no importa lo que los enemigos espirituales hagan o quieran.

 Hay que mirar que, si sucede, es porque Dios lo ha querido y/o permitido. Esto es así por y para nuestro verdadero y Eterno Bien. No sucede por capricho demoníaco ni por vicio o maldad de los estúpidos que sirven a satanás consciente o inconscientemente.

 Hay que abrazar la Cruz y negándose a sí, perseverar, tener paciencia a Dios, seguir adelante.